Qué es

Estudio que cuantifica, a resolución global de 5 minutos de arco, el coste de oportunidad de carbono de los pastos: cuánto carbono capturaría la vegetación y el suelo si se retirara el ganado vacuno y se dejara recuperar el ecosistema, frente a la carne que se dejaría de producir. Es la fuente que da la vuelta al argumento “la carne de pasto captura carbono”.

Hallazgos relevantes

  • Los pastos, donde pace el ganado rumiante, ocupan un tercio de la superficie terrestre del planeta.
  • Retirar el vacuno de los pastos de alta intensidad de carbono podría secuestrar 34 (22-43) GtC, es decir 125 (80-158) Gt CO₂ en los ecosistemas al regenerarse vegetación y suelos — una cantidad mayor que todas las emisiones globales de CO₂ fósil de 2021-2023 juntas.
  • Ese secuestro se lograría con una pérdida de solo el 13 % (9-18 %) de la producción mundial de vacuno en pastos, concentrada en países de renta alta y media-alta.
  • La dirección del hallazgo es clave: el mayor servicio climático de esas tierras no es criar vacas que “capturan carbono”, sino dejar de criarlas para que el ecosistema se recupere. El carbono está en la tierra que la ganadería ocupa, no en la que genera.

Cómo se usa

Ancla el punto central de carne-de-pasto: el pastoreo no es climáticamente neutro ni un sumidero neto; el coste de oportunidad de carbono (lo que esa tierra secuestraría si no hubiera ganado) es enorme y juega en contra de la carne de pasto. Se complementa con Poore y Nemecek (2018) (la carne de vacuno tiene la mayor huella por caloría, también la extensiva) y Xu et al. (2021).

Limitaciones

  • El potencial de secuestro es un máximo teórico de recuperación de ecosistemas; su realización depende de la región, el tipo de vegetación potencial (áreas potencialmente forestales rinden más) y la gestión.
  • El estudio evalúa el carbono, no el conjunto de indicadores ambientales (biodiversidad, agua, medios de vida rurales), que reconoce como trabajo pendiente.
  • No niega que existan contextos de pastoreo con co-beneficios locales; sí muestra que, a escala global, el balance de carbono del pastoreo de vacuno es desfavorable frente a retirar el ganado.
  • Contabiliza un secuestro finito y reversible (satura y puede revertirse), no un flujo permanente que compense emisiones continuas de metano.